de Elisa Cilia

“Te vas Alfonsina con tu soledad
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Y una voz antigua de viento y de mar
te requiebra el alma
y la está llevando
y te vas, hacia allá como en sueños,
dormida Alfonsina, vestida de mar.”

 

Eran los años de la adolescencia, de esa música íntima que escuchábamos para explicar lo que sentíamos por dentro. O, por lo menos, eso intentábamos.

En el año 2004 la canción “Alfonsina y el mar”, por la voz de Mercedes Sosa, atrapó mis sentidos con ese vestida de mar. Y la guitarra, dulzura y nostalgia de esos versos de mujer, me devolvía al mismo tiempo sentimientos de resignación y revolución, preguntas sencillas pero retorcidas.

La curiosidad me llevó a una mujer, Alfonsina Storni, que escribía poemas y que solía ir más allá de lo ordinario, como los sueños. Una mujer que un día decidió dormirse con su vestido de mar. Imágenes en los versos de una canción que, y lo descubrí poco después, unían historias personales de mujeres con la literatura.
La música me regalaba una literatura hasta ese momento desconocida.

Alfonsina Storni (1880- 1938), escritora e intelectual italo-argentina de los primeros años del siglo XX (eran los años del Modernismo latinoamericano) había nacido en el cantón del Tesino y había aprendido italiano antes de mudarse a Argentina con su familia.

Una infancia pobre y de trabajo, hasta el ‘salto’ hacia el mundo del teatro. Esto escribía Alfonsina en una carta a su amigo filólogo Julio Cejador: “A los trece años estaba en el teatro. Este salto brusco, hijo de una serie de casualidades, tuvo una gran influencia sobre mi actividad sensorial, pues me puso en contacto con las mejores obras del teatro contemporáneo y clásico [...] Pero casi una niña y pareciendo ya una mujer, la vida se me hizo insoportable. Aquel ambiente me ahogaba”.

En 1911, después de mudarse a Buenos Aires con “[…] pobre y escasa ropa, unos libros de Darío y sus versos”, los poemas de Alfonsina Storni empezaron a publicarse en algunas revistas modernistas de la época. A partir de ese momento la vida literaria y cultural de Alfonsina Storni fue un crescendo de reconocimientos, publicaciones y encuentros con los literatos más influyentes del momento.

Sin embargo, la enfermedad y el miedo impedían a la poetisa vivir una vida tranquila.
A principios de 1938, de hecho, el diagnóstico fue de cáncer de mama. El punto final.

El 25 de octubre de 1938 Alfonsina Storni lo había pensado todo. Había escrito un par de cartas y un poema en la habitación de un hotel de Mar del Plata: decidió enviar el poema al periódico La Nación y una carta a su hijo Alejandro. Salió de su habitación a la una de la madrugada. Se fue a la playa, andando.

A la mañana siguiente dos obreros encontraron el cuerpo de Alfonsina Storni sin vida, en la playa La Perla. Había decidido ‘ir a dormir’, no estaba bien, ese cáncer de mama le había impedido hasta escribir y no soportaba que su hijo se desinfectase cada vez que le daba un beso.

La idea de la muerte se había convertido en un pensamiento constante en la vida de Alfonsina  Storni, sobre todo después del suicidio del amigo Horacio Quiroga, en 1936. En los versos del poema que la poetisa dedicó a Quiroga ese tormento se revela completamente:

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
y así como en tus cuentos, no está mal;
un rayo a tiempo y se acabó la feria...
Allá dirán.
Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte
que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías...
Allá dirán.

En sus composiciones desborda ese sufrimiento debido a la enfermedad que padecía, malestar que desemboca en la espera del momento final de su vida.

“Voy a dormir”, su testamento literario, es el último poema de Alfonsina Storni, una obra de desesperación leal. Espejo de un momento límite de la vida, de una vida sufrida, en el que es como si se trazara la línea de una costumbre cotidiana y sencilla que revela al mismo tiempo la tragedia y la conquista de la libertad. Leerlo es como leer uno de esos recordatorios que mamá dejaba sobre la mesa al salir de casa, esos en que nos decía qué teníamos que hacer, que no debíamos abrir la puerta a los desconocidos, que mejor decirle siempre que ella no estaba al señor ese que llamaba de la compañía de teléfono.

“Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido…”. Esta frase es uno de los puntos de conexión entre los versos de este poema y la letra de la canción escrita por Félix Luna: es un verso que encontramos también en la canción, en forma de paráfrasis, de enlace entre poesía y música.

“Alfonsina y el mar” es una canción de cuna con lágrimas. La guitarra ‘habla’ cuando la letra ‘calla’. Y se oye el mar desde allí. Sirenas, corales, hipocampos.

La música se convierte en literatura y la literatura, que ya es música, estrena su mejor vestido.

“Bájame la lámpara un poco más
déjame que duerma, nodriza en paz
y si llama él no le digas que estoy,
dile que Alfonsina no vuelve.
Y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.”

N.d R. La interpretación de Mercedes Sosa es una de las más conocidas, aunque existen muchísimas otras, como la de Gabriella Grasso, cantautora siciliana de Catania, que en 2010 publicó su interpretación de “Alfonsina y el mar” en su disco Cadò.

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